(Des)Orden

«Matate»

No entiendo a esta altura en que momento regalé un velo para vestir ese pelo disfrazado de hincha leproso. Me había prometido cuidarme de cualquier ataque al corazón. Cualquiera.

Hace un més atrás tenía las piernas de Ali. Me movía como intocable, y si bien tiraba veinte jabs al aire, lograba conectar unos buenos ataques.

Después llegó la exhibición estelar, la pelea de las mil noches.

Me concentré tanto en su cara que solo atiné a defenderme. Y ya por la energía que manejo, estaría pisando el onceavo round.

Me cuesta levantarme. Me cuesta arrimar la derecha. Me cuesta esquivar cuando el rival se cabrea y me arruina con conexiones al hígado y al mentón.

Vengo apretando el puño solamente para demostrar la rabia que me maneja cuando no me dan fundamentos para estar mal. Para imaginar haber hecho las cosas mal.

No me mudé de ciudad para seguir sufriendo los castigos propios del que se cree inocente. Tal vez lo he sido, pero también he tenido mayores argumentos en contra para sentirme culpable.

Y realmente créeme que estoy peleando con miles de fantasmas de los que nadie está enterado. Y está doliendo. Y me está enterrando. Y me está matando, como pediste.

¿Porqué el punto está en destruir la psiquis por el simple propósito de sentir cariño? La idea estúpida de que el dolor del prójimo significa purificar la tranquilidad personal me cuesta entenderla. Me pasó antes, sí, y lo entendí. No entiendo cuántas veces tenés que tomarte el tiempo de destruir lo que te está intentando salvar. Lo que haría cualquier cosa para que te rías un rato e ignorar esa ruta cargada de pozos que venís transitando.

Ya estamos grandes. Ya estoy grande.

En los pros, estoy entendiendo que la lujuria, el placer, la risa, la compañía, no quieren ponerse de acuerdo. No quieren ir de la mano. No querés ir de la mano.

Estoy cayendo en cuenta también que yo mismo estoy eligiendo pelear este capítulo. Yo me lo propuse, y esa ventaja está en que también tengo la facultad de dejarlo. ¿Porqué no puedo? ¿Quién me está invitando periódicamente a enfrentarme a un animal mitológico, posiblemente una serpiente de muchas cabezas, armado con flores y dagas de madera?

Porque esta bestia tiene la capacidad de anestesiar a la vez que te inyecta el veneno. Y la anestesia se siente como un calor que te recorre todo el cuerpo.

Yo elegí armarme con flores y dagas de madera.

Porque también ese veneno parece que se vende en botellitas, en polvo, en cualquier proceso adictivo de las drogas duras. Y cada vez que levanto (logro levantar) el celular, empiezo a picar un poquito, a calentar la cuchara. Me acuesto condenado a ese placer, lo disfruto. Acto seguido, vómitos, dolores que van desde la primer neurona hasta el último centímetro de las piernas.

Va camino este Domingo a ser de esos en los que no me duermo hasta bien entrada la madrugada.

Necesito por favor, por dios, por lo que sea, dejar de pensar. Si no me podés contar lo que tengo que hacer, espero tener las herramientas preparadas para cortar donde debo y dejar de sufrir por cuestiones sobre las que no puedo tener ningún control.

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