«Che, mirá que buena foto que te saqué. Compartítela. Parece la tapa de un álbum»
Pretendemos que el tiempo nunca nos va a poner la factura en la mesa. Que somos indestructibles hasta que un clínico te dice lo contrario. Suponemos que lo que está bien para nuestra conciencia, es la idea consecuente en el resto.
Nos rompemos para ver posible una solución. Porque de otra manera no aprendimos a manejarnos. No nos dejaron solos. Solos nos rompimos cada núcleo de sanidad que veíamos. Fuimos patéticos, insuficientes, idiotas.
En mi caso, vi una luz de destrucción que pretendía recomponer cada pieza de este organismo que cada 5 o 6 días, me dice que lo vaya rescatando.
El cuerpo y la mente son quienes realmente llevan el estandarte de la impunidad. Manejamos un trailer de construcciones nerviosas, de recuerdos, de reacciones desviadas. El corazón se parte y el cerebro tiene los binoculares puestos en brasas que saben lo que van a quemar. Teóricamente, el cerebro debe estar alerta para mostrarse útil.
Hoy te pido, por favor, que pares.
Me dieron un manual de instrucciones para una Lamborghini que suponía que ya sabía manejar. La estrellé como a los 29 kilómetros. Se prendía fuego y yo solamente quise salvar el volante. El motor venía con fallas. A veces levantaba. La mayoría de las veces de madrugada. Siempre estuve acariciando esa nave suponiendo que me iba a responder. Cual esperanza de pobre.
Más de una vez me sacó a pasear y rara vez me dejaba de garpe.
Al final me quedé con el volante y a ese animal se lo llevó un mecánico. Que desde el corazón que puede apreciar la sanidad de una bestia, le deseo que salga intacto. Y que el próximo chofer, por favor, nunca permitas que ese motor meta algún ruido más.
Amo leerte…. Leer cada parte de vos..
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