2027

De mi libro «Volví hace 2 meses de la gira, pero me olvidé la billetera».

A riesgo de desintegrar una inventiva que pretendo guardar para otras cuestiones más o menos artísticas, vamos a tratar de abreviar 20 meses de separación personal, intentando soltar únicamente los detalles más bíblicos del asunto.

Mili llegó en un Uber a las 2 de la mañana de un Viernes caótico como los últimos 50 y tantos. Años de rehabilitación no iban a verse comprometidos por un alma simbiótica, estructurada, licenciada y campesina. Pero ahí estaba, parado a un par de veredas de distancia de ese caótico ecosistema que me gusta llamar «Escalada».

«Che, el Uber me quiso levantar». Pleno 2019, con una ley necesaria pero aún inexistente, era un poco esperable. Y me pongo el delantal azul para decirle «Y quién no».

Esa historia quedará para algún párrafo. En esta madrugada de Domingo, este descaro va por la misiva de repasar los pozos que terminaron por detonar lo que ese «Titi pastillero» siempre deseó. Como la fortuna de un desahuciado, terminé encontrando la madurez del alma entre la élite campechana y descarada de Chascomús. Y como se despliega luego esta maquinaria de habilidades bien aprendidas.

Hija de político, hermana de abogado, elitista como lo proponía su propia carrera de odontología. Nerviosa, dichosa, reticente. Con un escáner vertical que daba vergüenza. No fue hasta después de comentar varias veces «Cambiá que está TN en la tele, prefiero ver a Ivan de Pineda delirando participantes random» que comenzamos a ponernos un poco de acuerdo en cuanto a la sociología de la conciencia y que la meritocracia estaba sobrevalorada.

Acuerdo que cada tanto se rompía, comprometido por el humor cotidiano. Pero bien, a lo que considero madurez del alma, saqué provecho de que el compendio de compromisos diarios no eran el monstruo abajo de la cama que esperaba. Un pequeño Godzilla quizás que provocaba que ese hermoso piso de parqué se convirtiese en una laguna de rocas y lava donde los dos íbamos saltando de espacio en espacio para no quemarnos, al grito de órdenes referentes al cuidado del 3 ambientes.

Cuidado que llevo adelante hoy en día (en mayor o menor medida, según el compromiso de Aurora de meter necesidades abajo de la bacha). Pero bien, la gata tiene su comida en su momento del día, no está castrada. Básicamente, goza de la salud propia de un adolescente en pleno medioevo.

Por mi parte, dos baños al día, probablemente tres comidas, unas cuatro sesiones de ejercicio semanales. Y una docena de litros de manija para curar el alma.

Cuestión, cuidados que desafortunadamente trasladé a lo mental.

Porque lo mental no puede estar fuera del foco real. Empecé como enfermero del Borda, y terminé como veinteañero pajín. Tomás una paciente psiquiátrica, recordamos que la vida es una y no la otra del más allá. Contamos los miligramos, comparamos marcas, profesionales. Prestamos divanes propios y extraños. Se convierte en cuestión de semanas (unas 3 o 4) en una relación de amistad, con derechos de piso bien incorporados. Y con una atención impertinente a una exclusividad teóricamente acordada.

Acuerdo que a este punto no tiene abogado ni juez. Contextualizando un poco con lo medieval, no existe ley que permitiese el control, ni lo impidiera. Shrek bien podría estar moviéndose al burro, que la princesa no se enteraría. Para este caso, la falsa Fiona está intentando que le gustase Lord Farqquad, cuando en realidad el pantano es su hábitat natural. Si, es así. La analogía es perfecta. Y sí, yo soy el enano del caballo blanco.

Me gustaría pensar que es imposible personificar un escudo gigante, repleto de flores, pastillas, sesiones de psicoanálisis, lecciones históricas, corazones. Pero existe. Y el boludo no se va a enamorar, pero tiene límites de consideración, resiliencia y desazón. Cada tanto tiene que lustrarse, reponerse y ponerse de lado. Al sol, al fuego y al alma.

Que dentro de cinco años, en 2027, lo único que me persigan sean las canas. No dejemos que estos tarados bien enseñados se desliguen de una responsabilidad no necesaria de calmar al mundo y servirles de apoyo.

No interesa lo que te pasó, importa lo que puedas armar de eso.

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